Un día en Los Cusingos

‘’Para conocer la selva necesitamos estudiarla en todos sus aspectos, como aves que vuelan por encima de su techo y como bípedos atados a la tierra que se arrastran lentamente sobre sus raíces’’. Alexander Skutch

Quizarrá de Pérez Zeledón, un pequeñito pueblo que alberga un sitio mágico conocido como Los Cusingos un santuario para la observación y estudio de la naturaleza. Después de haber leído títulos como Armonización, La Finca de un Naturalista y la infaltable Guía de Aves de Costa Rica ya era hora de visitar este lugar que inspiró la publicación de anécdotas, historias y observaciones claramente descritas por el Dr. Alexander Skutch, quién residió aquí por más de 60 años.

Al llegar a Los Cusingos desde pleno centro de San José, mis sentidos se afinaron y comenzaron a reconocer e identificar especies de aves muy variadas. Justo después de la zona de recepción un Pájaro Estaca (Nyctibius griceus) en su habitual postura inmóvil y erguida sobre el codo de una rama me insinuó que iba a ser un gran día de pajareo. La coloración y patrones crípticos que presentan estos individuos de la familia Nyctibidae nos robó a todos los presentes unos minutos de nuestro tiempo y es muestra de las variadas estrategias de sobrevivencia que podemos encontrar en los diversos bosques tropicales.

Después de un momento de inspiración en la Casa/Museo Skutch-Lankester que retrata sus vidas sencillas, austeras y apasionadas por la ciencia y el conocimiento, me dispuse a caminar por los senderos. Acompañado a lo lejos por vocalizaciones de especies como el Bobo (Momotus lessonii), Cuco ardilla (Piaya cayana), Tinamú grande (Tinamu major) y el eco producido por los Carpinteros picoplata (Campephilus guatemalensis) al golpetear los grandes árboles durante su búsqueda de escarabajos y otros insectos, logré observar el interesante comportamiento de un Saltarín de cuello naranja (Manacus aurantiacus) macho que revoloteaba como una llamita de fuego de 10 cm por entre los niveles bajos del bosque, acaparando unos cuantos metros en pocos segundos, saltando solitario de rama en rama complementando sus saltos con fuertes chasquidos similares al sonido de una rama al quebrarse producidos por el fuerte choque de sus alas con su cuerpo.

Al seguir caminando, nuestro recorrido fue custodiado por los Gavilanes tijerilla (Elanoides forficatus) quienes sobrevolaban el bosque con su vuelo elegante y agraciado por largas horas (se dice que es la rapaz más aérea). A pesar de que en las laderas del Pacífico Sur y en Caribe de Costa Rica se reportan poblaciones residentes, en estas fechas es más común observar individuos migratorios reproductivos provenientes de América del Sur. Por otro lado, en las partes bajas del bosque las Reinitas ribereñas (Myiothlypis fulvicauda) y los Hormigueros dorsicastaños (Myrmeciza exsul) frecuentaban los bordes del sendero. Los tímidos Soterrés pechibarreteados (Cantorchilus semibandius) nos deleitaban con sus cantos melodiosos y elaborados que prontamente era cambiados por ‘’cucaracheos’’ de alerta al identifícanos como posibles amenazas.

Una de las buenas observaciones del día gracias a la paciencia de la que se debe armar un buen observador de aves, provino de unos fuertes zumbidos que se escuchaban a unos metros de donde estábamos (algunos pensaron incluso que se trataba de saínos). Esto me llenó de curiosidad y al acercarme, note que los zumbidos venían de varios puntos y se movían rápidamente sin poder ser siquiera percibidos. Sumado a esto comenzamos a escuchar una serie de silbidos penetrantes de una sola nota que se repetían aproximadamente cada segundo. Luego de varios minutos logré observar un Colibrí ermitaño colilargo (Phaetornis longirostris) haciendo estas vocalizaciones, para luego percatarme que estábamos en medio de una Asamblea de canto y cortejo (Lek) de esta especie de colibrí tan abundante alrededor de la finca. Personalmente fue hermoso pensar que a pesar de haber tenido la oportunidad de observar repetidas veces esta especie en otras ocasiones, me volviera a sorprender una vez más. Definitivamente la naturaleza tiene sus secretos bien guardados.

Justo durante el almuerzo servido en hoja de plátano y acompañado de fresco de carambola, una garúa abrigó la finca por breves minutos, y al cesar despertó el entusiasmo de variadas especies de Mosqueros, Tangaras, Trepadores, Tityras, Colibríes y Yigüirros.

Después de la llovizna y al poco tiempo antes de partir caminamos hacia el río Peñas Blancas que está muy cerca de la casa, ahí me encontré con la suerte de observar una pareja de Eufonia vientrirrojiza (Euphonia imitans) anidando justo a la orilla del río en la parte alta de un árbol solitario y pequeño. Su nido consistía de un enmarañado de musgos y ramitas en lo que parecía un aglomerado de raíces colgantes de epífitas, con una entrada lateral. Posiblemente esta estrategia de anidación en lugares colgantes y móviles pueda servir para evitar la depredación por parte de serpientes y otros animales. La hembra se veía más activa acomodando ramas por dentro y fuera del nido, mientras que el macho se mantenía en las ramas aledañas vigilante.

De vuelta a San José, he decido empezar a escribir y compartir algunas de las experiencias vividas en las giras que realizo, y qué mejor lugar de inicio que en Los Cusingos. Espero que este escrito sirva como aliento para la valorización y protección de los hermosos ecosistemas presentes en este bello planeta lleno de misterios y curiosidades.

10 comentarios en “Un día en Los Cusingos

  1. Me ha gustado su artículo, precisamente en 1983, conocí a Don Alexander en su finca y todavia recuerdo es momento como si fuera ayer. Gracias por compartir sus impresiones del lugar. Miguel

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  2. Jose Pablo, un gusto conocer tu trabajo como escritor. He tenido la oportunidad de estar en Los Cusingos y la narración en tu artículo refresca intensamente los recuerdos de ese lugar tan maravilloso. Felicitaciones, sigue adelante.

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  3. Jose Pablo insisto en su maravillosa forma de redactar, hoy decidí viajar a algún lugar y aunque vengo terminando mi jornada laboral del día y de la semana pude hacer un viaje imaginativo a los Cusingos gracias a sus creativos relatos!
    Es un placer verdadero leerlo!

    Saludos!

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