Los Colibríes: Las Joyas Voladoras de América

»Al final, conservaremos solo lo que amamos, amaremos solo lo que entendemos, entenderemos solo lo que nos enseñan» Baba Dioum

Gracias a esas conversaciones ‘’arregla mundos’’ de fin de semana con familiares y amigos, me he dado cuenta que algunas personas ven la ciencia como una actividad aburrida y sugieren incluso, que la comprensión muy profunda del mundo de cierta forma nos deshumaniza al quitarnos el sentido de asombro. Yo pienso totalmente lo contrario y me he dado cuenta que cuanto más sabemos acerca del ambiente que nos rodea, más fascinante se vuelve y nos permite soñar y ampliar nuestra creatividad al permitirnos ver el mundo desde otra perspectiva y sentirnos parte él.

Cada vez que salgo a caminar la naturaleza siempre tiene algo con qué sorprenderme. Una planta que nunca había visto, un ave anidando o alimentando a sus pichones, floraciones masivas de árboles en los bosques, bandadas de aves migratorias pasando cerca de mi casa… En fin, todo depende de estar con los sentidos bien abiertos. Hace unos días iba entrando a mi barrio en Sabanilla y un Colibrí manguito verde (Anthracotorax prevostii) hembra llegó a visitar una flor de una planta de Aloe vera. Esta especie es poco común encontrarla en el Valle Central, sin embargo ya es la tercera vez que logro verla este año. Gracias a esta alegre visita he decidido dedicar mi tercera entrada a estas pequeñas joyas voladoras.

Los colibríes pertenecen a una familia conocida como Trochilidae y solamente se encuentran en el continente americano (¡que honor!) con unas 342 especies (The eBird/Clements Checklist of Birds of the World, 2015) especialmente abundantes en Centro y Suramérica. En nuestro país podemos encontrar 52 especies (Lista oficial de aves de Costa Rica, 2015) distribuidas en todos los pisos altitudinales, desde especies típicas del bosque seco como el Colibrí Canelo (Amazilia rutila), hasta las Chispitas Vulcaneras (Selasphorus flammula) de las montañas más altas de nuestro país.

Estas aves son actualmente de los animales de sangre caliente (Endotérmicos) más pequeños de la Tierra y a través de millones de años han desarrollado un proceso de evolución en conjunto con muchas plantas con flor (Angiospermas). Por un lado las aves polinizan las flores, mientras que las plantas le proporcionan importantes cantidades de dulce néctar que los colibríes utilizan como fuente principal de energía. Se estima que actualmente hay unas 8000 plantas de variadas familias que dependen de los colibríes para su reproducción, por lo que su labor en los ecosistemas es enorme.

Recuerdo que la primera vez que visité el Parque Nacional Palo Verde durante la época seca, me quedé admirando un enorme árbol de Cenízaro (Albizia saman) totalmente lleno de sus flores rosa en forma de pompón (multiestaminadas), las cuales atraían gran cantidad de insectos (escarabajos, abejas, entre otros) y Colibríes Pochoteros (Heliomaster constantii) que aprovechaban el festín de insectos y constantemente atrapaban algunos de los más pequeños cercanos al árbol, complementando su dieta con proteínas y otros nutrientes que el néctar no les proporciona.

El estilizado vuelo de los colibríes, que estoy seguro impresiona hasta al ser humano menos interesado en la naturaleza, es único en el grupo de las aves. A diferencia de la mayoría, los colibríes mantienen sus alas siempre estiradas y las mueven desde el hombro, generando un aleteo en ambos sentidos que les permite maniobrar en todas las direcciones e incluso permanecer en un mismo lugar (vuelo sostenido). Se estima que en vuelo, el corazón de los colibríes late unas 1200 veces por minuto. Sin embargo para llevar su acelerada vida necesitan muchísima energía, por lo que deber alimentarse en promedio cada 15 minutos.

A inicios de Junio, mientras pajareaba en uno de los caminos principales en la finca Los Lotes (Ver Redescubriendo Río Tiribí) que rodea el río Tiribí, percibí muy cerca unos silvidos bulliciosos provenientes de los bordes del bosque. De primera entrada, pude reconocer 3 individuos haciendo tan particular chillido desde diferentes direcciones, pero se me hacía muy difícil poder identificarlos. Luego de unos segundos escaneando entre la maleza, observé que se trataba de 3 machos Ala de sable violeta (Campylopterus hemileucurus), el colibrí más grande que tenemos en nuestro país con 15 cm. Estos individuos no vieron ninguna amenaza en mi persona y no pararon de vocalizar mientras yo los observaba. Seguí caminando y al transcurrir más de una hora, tomé la misma ruta para volver a casa. Cuando pasé por ese mismo lugar los 3 machos seguían vocalizando con igual intensidad.

En ese momento se encontraban realizando una Asamblea de Canto y Cortejo (Lek), la cual se da durante su temporada de apareamiento durante la época lluviosa. Estando en el campo no pude evitar preguntarme ¿Y las hembras? Pues al oír estos cantos de apareamiento, ellas empiezan a construir sus nidos muy cerca de cuerpos de agua, usando musgos y otros materiales vegetales que pegan principalmente con telarañas. Luego de construido el nido, las hembras se emparejan con los machos para aparearse. Al igual que en la mayoría de los colibríes, las parejas solo duran lo suficiente como para que la hembra pueda ser fertilizada, luego los machos dejan el nido y las hembras se encargan de incubar y cuidar a sus neonatos.

Otra característica que explica los variados nombres que les damos a las diferentes especies de colibríes (especialmente en inglés) como Gemas, Hadas, Brillantes, Esmeraldas, Coquetas, es su plumaje iridiscente. Estos magníficos colores metálicos son producidos gracias a pequeñas capas de burbujas de aire microscópicas que reflejan y refractan la luz. Como estos colores dependen del ángulo de incidencia de la luz, se cree que los colibríes pueden posicionarse para activar y desactivar las coloraciones con el fin de enviar señales u ocultarse de alguna amenaza. Por esta razón es que a veces los vemos casi negros y de un pronto a otro con algún color llamativo.

Siempre hay excepciones a la norma, pues una vez caminando por las cercanías de la Reserva Forestal Río Macho, logré observar un colibrí de vientre negro (Eupherusa nigriventris) en una zona abierta con gran cantidad de arbustos conocidos como Rabo de Gato (Stachytarpheta mutabilis). Esta ave es endémica de Costa Rica y el Oeste de Panamá y es la única en nuestro país que posee la cara, el pecho y el vientre totalmente negros, en contraste con la mayoría de especies de colores llamativos que más nos captan la atención. Por ser una rareza dentro su grupo, esta especie es muy gustada por muchos observadores de aves.

Los colibríes, así como muchísimos otros organismos nos demuestran que somos beneficiados con una riqueza biológica inigualable encontrada en nuestros bosques tropicales. Sin embargo, actualmente nuestro modo de vida y desarrollo económico están amenazando seriamente todos los ecosistemas de la Tierra. Estoy convencido que el estudio y la comprensión de la naturaleza nos sensibiliza y nos permite plantear maneras más acertadas de como relacionarnos con todo nuestro medio.

Un comentario en “Los Colibríes: Las Joyas Voladoras de América

  1. En un lugar de Francia, leí que algunas personas están rotulando las plantas que nacen espontáneamente, de esta manera les dan identidad y así la gente las valora más. Con esto te quiero decir que estoy completamente de acuerdo con tu comentario, conforme vamos aprendiendo más, podemos apreciar mejor la vida que nos rodea. Es imposible no emocionarse ante la presencia de estas aves tan maravillosas y más aún cuando alguien nos cuenta esos detalles fantásticos que las caracterizan. ¡Gracias!

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