El Arte de Volar

»¡Oh plumas destinadas
no al árbol, ni a la hierba, ni al
combate,
ni a la atroz superficie,
ni al taller sudoroso,
sino a la dirección y a la conquista
de un fruto transparente!» Pablo Neruda

La Evolución es un fenómeno con resultados impresionantes. En alrededor de 3.600 millones de años de vida sobre la Tierra, el Universo ha desarrollado una inmensa cantidad de organismos con características variadas  que a los humanos nos ha llenado de curiosidad y asombro por generaciones. Volar, tal y como el reconocido poeta Pablo Neruda nos expresa con gracia en su poema El Vuelo, es posiblemente una cualidad con la que todos hemos soñado alcanzar, relacionándola con un sentimiento de libertad, de lograr metas, de romper barreras, siendo incluso un símbolo de utopía y esperanza…

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Bandada de Vencejón Collarejo (Streptoprocne zonaris). Fotografía por Jose Pablo Castillo.

Si bien las aves no son los únicos animales con capacidad de volar (los insectos ya habían conquistado los aires muchísimo tiempo antes de que el primer ave existiese) e incluso hay algunas especies que no vuelan, convencionalmente estos animales actúan como responsables de generar en nosotros ese deseo de ultrapasar las fronteras terrestres y permitirnos tener otra perspectiva del mundo. Personalmente, los vencejos son los que  más me despiertan esta sensación.

Recientemente, durante diferentes visitas a variados lugares de Costa Rica he podido conocer nuevas especies de aves y aprender un poco más sobre su interesante historia natural. Muchas de las especies que conocí presentan variadas particularidades relacionadas al vuelo.

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Elanio Colinegro (Ictinia mississippiensis). Fotografía por Robert Nunnally. Tomada de https://flic.kr/p/Yq9Qtv

A inicios de setiembre con el objetivo de participar del Conteo de Reinita Cerúlea (Setophaga cerulea), me encontraba en un fin de semana pajarero por el Caribe con mis dos amigos Marco Umaña y Guillermo Saborío pasando por lugares como Quebrada González, donde todos conocimos el Saltarín Coroniblanco (Dixiphia pipra), tuvimos un encuentro muy cercano con un macho de Pájaro Sombrilla (Cephalopterus glabricollis) en los senderos del Teleférico del Caribe y logré avistar una pareja de Tangaras de Monte Gargantigrís (Chlorospingus canigularis) en un bosquecito cercano a la Reserva Las Brisas.

Para dicha nuestra, esa época coincidía con el paso de las impresionantes agrupaciones de rapaces, en este caso de cientos de Elanios (Ictinia missippippiensis e Ictinia plumbea) que diferencia de la mayoría de aves,  migran durante el día  aprovechando las corrientes termales de aire para movilizarse masivamente hacia Suramérica (Ver video acá: https://flic.kr/p/XbDdQP). Generalmente, los rapaces tienden a evitar viajes sobre aguas abiertas ya que las corrientes termales no son tan bien desarrolladas como en tierra firme. Estoy seguro que este espectáculo no será olvidado por ninguno de nosotros.

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Tiñosa Común (Anous stolidus). Fotografía por Jose Pablo Castillo.

A mediados de Octubre, durante un viaje relámpago a la comunidad de Cabuya en la Península de Nicoya, gracias a la invitación de Wilfredo »Pollo» Villalobos y Jorge Zúñiga, tuve la oportunidad de realizar mi primer avistamiento de aves pelágicas. Aquí conocí muchísimas especies como el Piquero Patiazul (Sula nebouxii), el Rabijunco Piquirrojo (Phaethon aethereus), el Paiño Danzarín (Oceanodroma tethys) y la  Tiñosa Común (Anous stolidus). Desde el inicio, la observación de aves en aguas abiertas representa un desafío completamente diferente para los que estamos acostumbrados a la tierra. El balanceo constante del bote y el juego de luces reflejadas por el sol no hacen nada fácil lograr las observaciones minuciosas del tipo de vuelo, tamaño relativo y detalles muy finos a larga distancia que son claves en la identificación de estas aves tan complicadas, por lo que este viaje fue todo un aprendizaje de pies a cabeza.

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Charrán Viajero (Sterna paradisaea). Fotografía por Jose Pablo Castillo

Sin duda, el hallazgo del día fue famoso Charrán Viajero (Sterna paradisaea). Este individuo con plumaje de primer año, a pesar de la gran emoción por parte de nosotros, fue encontrado moribundo sobre el agua posiblemente afectado por las fuertes tormentas ocurridas días antes en toda nuestra región. Fue recogido para que se secara a la sombra dentro del bote y se le puso a disposición un recipiente con agua que no quiso beber (Es importante aclarar que nunca se le dió agua). Lastimosamente en poco más de 1 hora, el animal falleció.

Esta especie de charrán pequeño se destaca por realizar migraciones sumamente largas desde sus sitios de anidación en el Ártico hasta el Antártico recorriendo anualmente hasta 40.000 km. ¡Es por esto que posee el récord de la mayor distancia recorrida por cualquier ave en el mundo! Sin embargo, migrar es un proceso sumamente extenuante y lleno de posibles adversidades y complicaciones, llevando a que muchos individuos como este juvenil que encontramos no logren sobrevivir.

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Reinita castaña (Setophaga castanea). Fotografía por Jose Pablo Castillo.

Recientemente, a mediados de Noviembre iba pasando por Cedros de Montes de Oca mientras realizaba unos »mandados» y me detuve para observar unas ramas de varios árboles recién podados y apiladas en un parque urbano en el Residencial Cedral. Mi intención era ver si habían Reinitas castañas (Setophaga castanea) aprovechando el recurso disponible debido a que este año han pasado muchos más individuos por el Valle Central que de costumbre. Para sorpresa mía terminé encontrándome con otra especie de reinita migratoria que por mucho tiempo tuve ganas de conocer: La Reinita Rayada (Setophaga striata), una especie que su plumaje de invierno es muy similar a la Castaña pero el color anaranjadizo de sus patas la delatan.

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Reinita Rayada (Setophaga striata). Fotografía por Eddy Chacón

Este animalito de tan solo 13 gramos al igual que el Charrán Viajero es otro reconocido »maratonista» por naturaleza. Durante sus migraciones anuales desde los bosques boreales en Canadá hasta las Antillas y el norte de Suramérica, realiza un impresionante viaje sin parar sobre el Océano Atlántico por hasta 3 días cubriendo unos 2900 km de distancia. Hasta la fecha no se ha encontrado otro Passeriforme que alcance tal récord y para lograrlo debe almacenar suficiente energía doblando su peso corporal y aprovechar corrientes de vientos que le ayuden a impulsarse y alcanzar mayores velocidades gastando menos energía.

Al igual que estas curiosas aves se han adaptado anatómica, fisiológica y etológicamente para volar largas distancias y de maneras muy variadas, nosotros desde abajo podemos seguir inspirándonos en ellas para crecer y »volar» mediante el conocimiento, la ciencia, las artes, la ética y el apoyo mutuo, buscando ser mejores individuos que ayuden construir una mejor colectividad.

¡Hasta la próxima!

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